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07 marzo 2008

Anna Magnani


Anna Magnani, cien años de la 'mamma' del neorrealismo

Indomable y visceral, Anna Magnani, la 'mamma' por excelencia del neorrealismo en particular y del cine italiano en general, cumpliría hoy viernes un siglo de una vida que, interrumpida en 1973 por un cáncer de páncreas, dejó clásicos perennes como 'Bellissima' o 'Roma, citta aperta'.

Anna Magnani fue la primera actriz italiana en ganar un Oscar, pero sobre todo la imagen de un país cuyas historias se despojaban violentamente del glamour y se embadurnaban del polvo de las calles de su ciudad, Roma.

Era el inicio del neorrealismo, un nuevo lenguaje que revolucionó el cine mundial por su crudeza, que captaba una realidad sin aditivos y del que Magnani, al protagonizar una de las muertes más sobrecogedoras de la Historia del cine en 'Roma, citta aperta' (1945), se convirtió en matriarca.

La capital italiana y la maternidad fueron los raíles que siguió su patrimonio artístico y vital. Magnani subió al estrellato con la película de Rossellini, dejó Hollywood para volver a Italia y protagonizar 'Mamma Roma' (1962), de Pasolini, y se despidió para siempre con 'Roma' (1972), de Federico Fellini.

Su rostro, de una expresividad arrolladora gracias a unos enormes ojos negros, se especializó en transmitir un sufrimiento que podía transigir consigo misma, pero no verlo reproducido en su camada. Su instinto de protección parecía heredado de la loba capitolina y su intensidad, para su desgracia, empapado de su periplo personal.

Posesiva, inestable y con un carácter tan agitado como su melena, nació en Roma un 7 de marzo de 1908 sin padre reconocido. Ella, en cambio, siempre defendió su procedencia de Alejandría (Egipto), adonde había huido su madre.

Su desamparo como hija y su desesperación como madre de un único hijo inválido por la polio, parecían resurgir en cada una de sus interpretaciones dramáticas y durante su gestación perdió la oportunidad de protagonizar 'Obsesión' (1943), de Visconti.

Magnani tendría que esperar a Rossellini, que con 'Roma, citta aperta' descubrió su enorme potencial, la convirtió en su musa también en 'L'amore' (1948) y le devolvió la ilusión sentimental, truncada por Ingrid Bergman y el romance que escandalizó al puritano Hollywood durante el rodaje de 'Stromboli' (1949).

Magnani, enfurecida -se dice que, en el colmo de la 'italianidad', lanzó un plato de spaghetti al cineasta-, respondió con una mala copia del filme en 'Vulcano' (1950), de William Dieterle, y se convirtió en una escéptica del amor.

'Las mujeres como yo se unen sólo a hombres con una personalidad superior a la suya y yo no he encontrado nunca a un hombre con una personalidad capaz de minimizar la mía', afirmaría.

Entonces, Visconti, todavía ajeno a la fascinación de la decadencia aristocrática, volvió a llamarle para 'Bellissima' (1951), un papel que Pedro Almodóvar homenajeó en 'Volver' (2006) y en el que mostró un registro más conciso pero igualmente desgarrador.

El director de 'El Gatopardo' (1963) contó con ella en su nuevo proyecto, 'La carroza de oro' (1953) -que finalmente dirigiría Jean Renoir-, y convirtió definitivamente a la actriz, pese a su belleza heterodoxa, en el objetivo de Hollywood o, más bien, en el capricho personal de Tennessee Williams.

'Nunca había visto una mujer más bella, con unos ojos enormes y con piel de porcelana', explicaría el dramaturgo estadounidense, que escribió su nuevo drama pensando en ella y, siempre bajo los yugos de la represión sexual, lo ambientó en una comunidad italiana en Estados Unidos.

'La rosa tatuada' (1955), sin embargo, no fue interpretada en Broadway por Magnani por problemas con el inglés, pero sí su versión cinematográfica, tras las clases que le dio el propio Williams durante su travesía por mar hasta Los Angeles. Hollywood le bendijo con un Oscar a la mejor actriz.

Volvió a optar al premio por 'Viento salvaje' (1955), de George Cukor -Oso de Plata a la mejor actriz en el Festival de Berlín-, y con 'Piel de serpiente' (1959), de Sidney Lumet, cerró su trilogía angloparlante, con un nuevo texto de Tennessee Williams, esta vez con Marlon Brando y Joanne Woodward como compañeros.

Su regreso a Italia aún aportaría uno de sus grandes éxitos de crítica y público, 'Mamma Roma' (1962) que, dirigida por Pasolini, remató su potencial de icono gay apuntado por Visconti y Williams y, en la escena final, forjó su estampa como una suburbial 'pieta' de Miguel Angel.

Tras este papel, ser refugió más en el teatro y en la televisión y ya en los setenta, consumida por el cáncer, Fellini la consideró imprescindible para redondear el abigarrado tapiz de su ciudad en 'Roma' (1972), permitiéndole despedirse del cine interpretándose a sí misma. Un año después, el 26 de septiembre de 1973, la capital más ruidosa de Europa quedó muda. La Magnani había fallecido.



2 comentarios:

}
ybris dijo...

¿Cien años?
Imposible.
Imposible mientras quede la imagen de esos ojos.

Nikté dijo...

Gracias

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