Javier Bergia
En los años ochenta surgió en Madrid una generación de músicos herederos y negadores a la sazón de clásicas sagas anteriores. Aparecieron en el momento menos oportuno para los cantautores, cuando sobre estos pesaba el estigma de sus métodos y de sus virtudes como una losa imposible. Entre estos jóvenes valores se situó desde el comienzo y muy en primera línea Javier Bergia. Sus canciones, de la ironía a la pasión, del romanticismo al humor, del distanciamiento al compromiso, siguen proclamando un mundo razonable, un universo sonoro que destila melancolía, asumiendo de manera sencilla y nada forzada todos los géneros. Nadando contracorriente, Bergia ha demostrado ser un bálsamo frente a la vulgaridad, un corredor de fondo cuya soledad es cada vez más relativa.
Todos sus discos poseen denominación de origen bien contrastada, la audiencia tiene en la retórica nasalizada y veraz de Javier Bergia a uno de sus baluartes más completos y capacitados, dispuesto siempre a apoderarse de ese vacío argumental que nadie como él llena. La biografía de su emoción es resignada, pero firme y hermosa, pues sabe el cantor que solo lo cotidiano resiste.




1 comentarios:
}Pues así, más joven, como que casi lo recuerdo después de cuarenta años.
Joder qué mayor soy.
Y qué bueno él.
Sé que no guarda buen recuerdo de los profesores que le suministraron no pocas hostias. No creo haber sido yo uno de ellos.
Gracias.
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